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‘Sex and the City’: 25 años celebrando la glamurosa imperfección humana

La icónica serie de HBO cumple 25 años y no por nada ha mantenido su vigencia. Le contamos porque esta serie es una estampa indeleble en la cultura pop.

25 años de Sex and the City

La década de los 90 en la televisión quedó marcada para siempre si del mundo hollywoodense se trata. A lo largo de esta década, se presentaron historias llenas de vida, y la creatividad e intención de crear contenidos de calidad en su máxima expresión (sobre todo de gente blanca adinerada en plena bonanza económica pre 11-s en Nueva York).

Pero aparte de Friends, y los ‘Soprano’, no existía algo similar para mujeres y no, Golden Girls y La Niñera no llegaban a un público femenino moderno que tenía cargos de poder y se expresaba en el consumo. De esta manera, Sex and the City, que cumple en 2023 25 años y duró seis años al aire, llegó a cambiar todo esto.

La premisa era sencilla: basada en la ácida novela de la autora estadounidense Candace Bushnell, quien bajo el pseudónimo de ‘Carrie Bradshaw’ publicaba sus columnas en el periódico local The New York Observer en su columna Sex and the City, esta narraba su vida amorosa personal y la de sus amigas Charlotte (Kristin Davis) , Miranda (Cynthia Nixon), y Samantha (Kim Cattrall).

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Así, el sexo sin tapujos, las relaciones, la moda los Cosmopolitan y los zapatos Manolo Blahnik pasaron a ser referentes de la cultura pop, sobre todo por el amor a la moda de la protagonista y productora de la serie, Sarah Jessica Parker, quien acompañada por Darren Starr y Michael Patrick King alargó la historia de las protagonistas y también ideó las películas, la segunda siendo solamente rescatable por sus atuendos (y por ese espantoso racismo colonial que se ve tan vergonzosamente en otro mega éxito de HBO Max, The White Lotus).

Esto, en un periodo que duró de 1998 a 2011.

¿Qué la hizo tan popular? Básicamente el hablar de actos sexuales explícitos y mostrarlos no tenían ningún tabú, muy a pesar de que Carrie era la más mojigata y juzgadora con la verdadera estrella de la serie, Samantha Jones, la arrasadora relacionista pública que con su actitud de enorme confianza y cero tabúes le daba el toque de sexo a la ciudad y a la serie.

Y a través de ella y de Miranda, o de muchos conflictos a través de Charlotte, se planteó también que una mujer no era dicha construcción acomodada que se les imponía en todos los aspectos de sus vidas desde la esfera social y patriarcal. Y que mucho menos obedecía a ese siempre vigente complejo de virgen/ramera con el que se le ha catalogado en la historia: podía ser imperfecta, llena de matices y que sí, ama el sexo tanto como los hombres.

En el primer capítulo mostraba cuatro visiones, la del cinismo absoluto y la del romanticismo solamente encarnado en Charlotte. Pero se planteaba también cómo eran las relaciones modernas en aquel entonces: no, el hombre que conocías no se iba a casar contigo luego de que danzara contigo en el baile de la escuela tipo ‘Volver al Futuro’.

Probablemente tendrían sexo (malo) su pene estaría regular (o no) y no te volvería a llamar o descubrirías que era un completo lunático y tú no lo volverías a llamar. Eso, mientras tus amigas se casan y las miras con cinismo y te preguntas qué tienes de malo. Pero lo malo es el mercado. Esa premisa fue la que se estableció en la mayoría de las temporadas. Y con un humor negro y delicioso muchos se sintieron identificados.

Y no solo por eso: los personajes eran arquetipos absolutamente identificables. Carrie era una escritora que con su sueldito no se sabe aún cómo se podía pagar ese apartamento y esos zapatos. La propia antiheroína de la historia y su propia vida, donde todo lo que hace es bastante cuestionable pero se le perdona. Samantha, cuya meta en la vida es satisfacerse a sí misma y demostrarle al mundo que una mujer es perfectamente capaz de dominar todo a su paso e incluso al hombre si se lo propone.

Miranda, cuya visión estricta y disciplinaria de la vida y la vez poco creyente de lo que le diga que cualquier hombre puede decir con tal de seducir, la llevó a ser una exitosa abogada. Y, finalmente, Charlotte, una clásica mujer de la upper class neoyorquina cuyos privilegios le ciegan la mirada a la realidad de las cosas en muchos constructos sociales y femeninos, cayendo en la misoginia y el machismo en muchas ocasiones, y creyendo que todavía se puede vivir en un enamoramiento como el del siglo XV. ¿Lo bueno? Aprende que no se puede vivir así.

Pero por otro lado, en este terreno la moda fue una plataforma que cambió la aspiración mundial.

25 años de ‘Sex and the City’: impactando en la moda un Manolo a la vez

La serie probablemente fue el primer acercamiento a la moda para muchos, pues su protagonista (tanto en la serie como en el libro) demostró que no tenía miedo de combinar un collar de perlas con un hoddie, o un top sencillo con un tutú de bailarina, y fueron justamente estas combinaciones que Patricia Field, estilista de la serie, y a quien se le debe y se le atribuye la importancia de esta serie en el mundo de la moda, hicieron de estos personajes todos unos referentes de estilo.

De esta manera, no importaba que tan sobregirada estuviera la tarjeta de Carrie, siempre se le podía ver con sus bolsas de Chanel, Gucci, Fendi, o Prada, pero sabía que esas marcas también las podía combinar con prendas de 10 dólares, haciendo de esta mezcla entre el low y high cost en prendas, una muy gustada por esa misma versatilidad y dinamismo.

Asimismo, la visión de Carrie para desarrollar el estilo propio, así como su eterno amor por el calzado costoso fue y sigue siendo la inspiración de muchos amantes de la moda hoy en día, sin dejar de un lado a Samantha, quien sin duda alguna se lleva el título de la mejor vestida en más de una ocasión.

Pero sin duda, las cuatro fueron vitrinas de marcas de moda de lujo que se popularizaron en el argot popular y claro, incidiendo en su recordación y consumo. Ahora: la relación más fructífera fue la de Sarah Jessica Parker con Manolo Blahnik, siendo un par de stilettos azul rey (el de la primera película) una de las piezas más copiadas y deseadas tanto de la misma marca como la de la actriz y productora.

Ahora, un cuarto de siglo después ya no se normaliza ni el clasismo ni la transfobia ni las otras violencias simbólicas de la serie (#WokeCharlotte fue un fenómeno donde la más conservadora de las cuatro replanteaba las conversaciones más ofensivas de la serie).

Y también se reinterpretaron y vindicaron personajes, como Miranda en el libro We all Should be Mirandas (todas deberíamos ser como la abogada), y quien era la más subestimada en muchos aspectos, pero la más identificable con la Generación Z gracias a la cuenta de Instagram Every Outfit in SATC.

Sí, han existido bastantes revisiones incluso de los ideales de la serie en cuanto a consumo y claramente, a su reflejo de una época más feliz (antes de las dos grandes recesiones y crisis mundiales del 2008 y 2020), pero su aura se mantiene intacta en los fans.

Eso, a pesar de que And Just Like That es harto cuestionable en cuanto a la inclusión de mujeres no blancas (más tokenista que cualquier otra cosa) y a la ‘destrucción’ de personajes como Miranda, el hecho de que la serie siga siendo tema de conversación significa que algunas de estas conversaciones que dio y el cómo las dio siguen siendo perennes.

Y, hablando de tan polémica secuela: el spin off de Sex and the City volverá con su segunda temporada el próximo 22 de junio a la plataforma de Max, y el regreso de Samantha Jones a la vida de Carrie Bradshaw, de manera presencial ya es más que un hecho. Ahora, a esperar que nuevas aventuras en el amor le traerá la vida a la última mujer soltera de Nueva York.

5 objetos que ‘Sex and the City’ los hizo suyos

Cosmopolitan: el cóctel de las cuatro amigas por excelencia y el de Carrie al escribir. Incluso Sarah Jessica Parker sacó su propia versión.

Fendi bag: una pieza pequeña, que se lleva bajo el brazo y signo de la moda dosmilera que ha vuelto.

Tutús: el más icónico, el del cabezote, le costó a Patricia Field 15 dólares. Ya Carrie lleva otro en París y un vestido de Versace que son pura poesía.

Cadenas con nombre: esto también es reflejo de la moda más dosmilera. Pero una tendencia que impuso la protagonista.

Stilettos Manolos azules: el icónico zapato de la película, tan replicado como el anillo de la princesa Diana.

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